El padre Luis María Andreu: el jesuita que gritó «milagro» en Garabandal
Última actualización: octubre de 2026
El padre Luis María Andreu fue un jesuita de 36 años que, la noche del 8 de agosto de 1961, exclamó cuatro veces «¡Milagro!» durante un éxtasis de las videntes de Garabandal. Murió pocas horas después, en el viaje de regreso, tras decir que aquel había sido el día más feliz de su vida.
Según las niñas, fue la única persona, además de ellas, que vio a la Virgen y una visión anticipada del Gran Milagro. Por eso muchos seguidores le llaman «el quinto vidente». Su historia es una de las piezas clave de la cronología de Garabandal y también una de las más discutidas.
Quién era antes de Garabandal
Luis María Andreu era un jesuita culto y escéptico, profesor de Teología en la facultad que la Compañía de Jesús tenía en Oña (Burgos). Tenía 36 años en 1961.
Una familia de jesuitas
Era uno de seis hermanos. Cuatro de ellos entraron en la Compañía de Jesús y se ordenaron sacerdotes:
- José María, el mayor, casado y residente en Madrid.
- Alejandro, misionero en Venezuela.
- Ramón, que tendría un papel decisivo en Garabandal tras la muerte de Luis.
- Luis María, el protagonista de esta historia.
- Marcelino, misionero en Formosa.
- Rafael, el menor, casado.
Su madre, María Luisa, ingresó en un convento de clausura de las Salesas en octubre de 1961, apenas dos meses después de la muerte de su hijo.
Formación
Estudió en Oña, Innsbruck y Roma, y pasó también por París. Como teólogo, su actitud inicial ante las apariciones fue de cautela: su hermano Ramón contaría después que ninguno de los dos creía en ellas cuando llegaron al pueblo.
Finales de julio de 1961: la primera visita
Los hermanos Luis y Ramón Andreu subieron a Garabandal por primera vez hacia el 28 de julio de 1961, invitados por la familia Fontaneda, de Aguilar de Campoo. Fueron, según Ramón, más por no hacer un feo a sus amigos que por interés.
La prueba del padre Ramón
Esa tarde, en los Pinos, Mari Loli y Jacinta estaban en éxtasis. Ramón pensó que podía tratarse de hipnosis y se dijo mentalmente: «si esto es verdad, que una de ellas salga del éxtasis y la otra no».
Según su propio relato, en ese momento Mari Loli volvió en sí, le miró sonriendo y le dijo que la Virgen se le había retirado. Poco después volvió al éxtasis y las dos niñas comentaron con su visión que aquello había sido «para que crea».
Ramón se volvió hacia su hermano y le advirtió en broma que tuviera cuidado con lo que pensaba, porque allí la transmisión de pensamiento era inmediata. Años después aclaró que aquello no le hizo creer de golpe, pero sí le convenció de que las niñas no estaban fingiendo.
8 de agosto de 1961: «¡Milagro, milagro!»
El 8 de agosto, hacia las diez de la noche, el padre Luis exclamó cuatro veces «¡Milagro!» en los Pinos, mientras las cuatro niñas estaban en éxtasis. Es el momento más citado de toda su historia.
Su última misa
Ese día volvió al pueblo con unas veinte personas de Aguilar de Campoo. El párroco, don Valentín Marichalar, tenía que ausentarse y le dejó las llaves de la iglesia. El padre Luis celebró allí la que sería su última misa, y varios testigos la recordarían después como especialmente intensa.
El éxtasis en los Pinos
Al atardecer, las cuatro videntes entraron en éxtasis dentro de la iglesia y salieron en una larga marcha por los lugares de apariciones anteriores. El padre Luis las siguió durante todo el recorrido, junto al teólogo dominico Antonio Royo Marín y un seminarista.
Al llegar a los Pinos, las niñas se arrodillaron. Los testigos vieron al sacerdote muy emocionado, mirando hacia arriba, y le oyeron repetir «¡Milagro!» cuatro veces.
Lo que dijeron las videntes
Normalmente, durante los éxtasis, las niñas no veían a nadie más que a la aparición. Aquella noche fue una excepción. Conchita escribió en su diario que vieron al padre Luis y que la Virgen les dijo que él también la estaba viendo, junto con el Gran Milagro que había de venir.
Las niñas lo describieron de rodillas, con el sudor cayéndole por la cara.
El rosario perdido
El padre Luis había dejado su rosario a Mari Loli para que la Virgen lo besara, y se perdió durante la marcha. Mari Loli le dijo que la Virgen le había indicado dónde estaba. Como ya era de noche, él le pidió que lo buscara al día siguiente y que, si lo encontraba, se lo diera a su hermano Ramón, porque él quizá no volvería. Según el relato, Mari Loli lo encontró en el lugar indicado.
9 de agosto de 1961: «hoy es el día más feliz de mi vida»
El padre Luis murió de madrugada en Reinosa, dentro del coche que le llevaba de vuelta, sin enfermedad conocida y pocas horas después de exclamar «¡Milagro!».
Una frase al párroco
Esa noche bajó en jeep hasta Cosío, donde esperó dentro del coche al resto del grupo. Hacia la una de la madrugada se acercó don Valentín y el jesuita le dijo, según anotó el párroco en su diario esa misma noche, que lo que decían las niñas era verdad, pero que no lo dijera todavía, porque la Iglesia debía ser muy prudente en estas cosas.
El detalle importa: don Valentín lo escribió antes de saber que el sacerdote había muerto.
El viaje
Una caravana de unos cuatro coches emprendió el regreso hacia Aguilar de Campoo. El padre Luis viajaba con el matrimonio Fontaneda, su hija pequeña y el conductor, José Salcedo. Durmió un rato y, al despertar, comentó que había tenido un sueño muy agradable y que ya no estaba cansado.
Hacia las cuatro de la madrugada pararon en una fuente a la entrada de Reinosa. Ya dentro del pueblo, según los testigos, dijo:
«Estoy pleno de dicha. ¡Qué regalo me ha hecho la Virgen! Qué suerte tener una madre así en el cielo. No hay que tener miedo a la vida sobrenatural. Hoy es el día más feliz de mi vida.»
Al preguntarle si le pasaba algo, respondió que no, que solo tenía sueño, e inclinó la cabeza. El conductor vio que tenía los ojos vueltos. En una clínica cercana solo pudieron certificar su muerte. Las fuentes favorables sitúan el fallecimiento hacia las 4:20.
El entierro
Fue enterrado ese mismo 9 de agosto en Oña, donde enseñaba. En 1976 sus restos fueron trasladados al cementerio jesuita del santuario de Loyola, porque el antiguo seminario de Oña iba a convertirse en un hospital psiquiátrico.
Después de su muerte: la voz del padre Luis
Pocos días después del entierro, las videntes afirmaron que habían oído hablar al padre Luis durante sus éxtasis, y su hermano Ramón fue testigo de algunas de esas conversaciones.
Las conversaciones
Según el diario de Conchita, la Virgen les anunció que hablarían con él. No le veían, pero oían su voz, igual que cuando les daba consejos en vida. Les dio encargos para su hermano y les enseñó palabras en francés, inglés y alemán, y a rezar el avemaría en griego.
El testimonio del padre Ramón
Ramón Andreu llegó al pueblo hacia el 14 de agosto, recién enterrado su hermano. Al oír que las niñas decían hablar con él, pensó que era pura sugestión y estuvo a punto de marcharse.
Contó después que cambió de opinión al escuchar a las niñas describir detalles que, según él, no podían conocer:
- cómo había sido amortajado su hermano, con el crucifijo en las manos en lugar del cáliz;
- que había muerto sin hacer todavía su última profesión religiosa;
- la fecha, el lugar y el compañero con el que el propio Ramón había hecho la suya.
Aun así, Ramón se negó a sacar conclusiones: dijo que solo podía contar lo que había visto y que calificarlo correspondía a la Iglesia.
La profecía del cuerpo incorrupto
El 18 de julio de 1964, Conchita escribió que, en una locución, se le había dicho que al día siguiente del Gran Milagro sacarían al padre Luis de su tumba y su cuerpo aparecería incorrupto. Se lo comunicó por carta a Ramón el 2 de agosto de ese año.
Es una de las profecías más concretas de Garabandal y, como veremos, también una de las más discutidas.
Lo que dicen los críticos
Los críticos no niegan los hechos básicos, como el grito ni la muerte repentina, pero discuten su interpretación y, sobre todo, la evolución de la profecía sobre su cuerpo.
Una muerte sin explicación médica conocida
No se conoce ninguna enfermedad previa del padre Luis, y las fuentes no recogen una autopsia. Para los seguidores, murió «de felicidad»; para los escépticos, una muerte súbita a los 36 años, tras una jornada de enorme carga emocional, no prueba por sí sola nada sobrenatural.
El cuerpo exhumado en 1976
En una entrevista de junio de 1978, el jesuita Francis Benac recordó a Conchita que, al trasladar los restos a Loyola, el cuerpo se había encontrado descompuesto. Según la crónica de esa entrevista, Conchita respondió que ya lo sabía y que la Virgen había dicho que aparecería incorrupto después del Milagro, sin saber cómo ocurriría.
Para los seguidores, no hay contradicción: la profecía siempre se refirió al día siguiente del Milagro. Para los críticos, la profecía ha pasado de hablar de un cuerpo conservado a exigir una restauración milagrosa futura, algo imposible de comprobar hasta entonces.
La postura de la Iglesia
La Iglesia no se ha pronunciado sobre lo que vio el padre Luis. Garabandal sigue bajo la fórmula non constat de supernaturalitate: no consta que sea sobrenatural, y ningún católico está obligado a creerlo.
Preguntas frecuentes
¿Quién fue el padre Luis María Andreu?
Un jesuita de 36 años, profesor de Teología en Oña (Burgos), que asistió a varios éxtasis de Garabandal en el verano de 1961.
¿Qué vio el padre Andreu en Garabandal?
Él no llegó a contarlo. Según las videntes, la Virgen les dijo que él la estaba viendo y que también vio, de forma anticipada, el Gran Milagro.
¿De qué murió?
No se conoce la causa. Murió de forma repentina, sin enfermedad conocida, en Reinosa, durante el viaje de vuelta en la madrugada del 9 de agosto de 1961.
¿Por qué le llaman «el quinto vidente»?
Porque, según las niñas, fue la única persona además de ellas que vio a la Virgen durante las apariciones.
¿Dónde está enterrado?
Primero fue enterrado en Oña. Desde 1976 sus restos están en el cementerio jesuita del santuario de Loyola (Guipúzcoa).
¿Se ha cumplido la profecía de su cuerpo incorrupto?
No. Según Conchita, debe cumplirse al día siguiente del Gran Milagro, que todavía no ha ocurrido.
Fuentes
- Virgen de Garabandal – La familia Andreu y Garabandal, con extractos del diario de Conchita y entrevistas al padre Ramón Andreu
- Apostolado de Garabandal – El padre Andreu vio el milagro
- Foros de la Virgen – Visión del padre Andreu en Garabandal
- InfoVaticana – El «Gran Milagro» de Garabandal: profecía que crece con los años, como visión crítica
Nota editorial: NOCTAVIA presenta estos hechos como testimonios históricos y recoge tanto las fuentes favorables como las críticas. El juicio sobre su carácter sobrenatural corresponde a la Iglesia. Más contexto en la cronología completa de Garabandal.